El papel de la movilidad sostenible en la neutralidad climática

La transformación del transporte es una de las líneas de actuación necesarias para avanzar hacia el objetivo europeo de neutralidad climática en 2050. La reducción de emisiones, la mejora del transporte público, la movilidad activa y la incorporación de tecnologías de bajas emisiones pueden contribuir a disminuir el impacto ambiental de los desplazamientos de personas y mercancías.

En las ciudades, estas medidas también pueden ayudar a reducir la contaminación atmosférica y mejorar la calidad del entorno urbano. Sus resultados dependen de cómo se diseñen e implanten y de los cambios que produzcan en los hábitos de movilidad.

Transporte: un sector clave en la descarbonización

El transporte representa alrededor del 25% de las emisiones de gases de efecto invernadero de la Unión Europea. Para avanzar hacia la neutralidad climática, la estrategia europea de movilidad contempla una reducción del 90% de las emisiones del transporte de aquí a 2050.

Alcanzar este objetivo requiere actuar sobre los distintos modos de transporte. Entre las medidas previstas se encuentran la incorporación de vehículos de cero y bajas emisiones, el desarrollo de infraestructuras de recarga, el impulso del ferrocarril y la mejora de las alternativas al vehículo privado.

Iniciativas locales para transformar los desplazamientos

Las administraciones locales desempeñan un papel importante en la transformación de la movilidad. La creación de itinerarios peatonales y ciclistas, la mejora del transporte público y la reorganización del espacio urbano pueden facilitar desplazamientos menos dependientes del vehículo privado.

En España, distintas ciudades están desarrollando actuaciones de este tipo. Para valorar su contribución ambiental es necesario atender tanto a las infraestructuras construidas como a su utilización efectiva y a los cambios que generan en los desplazamientos cotidianos.

Zonas de Bajas Emisiones y planificación urbana

La Ley 7/2021, de cambio climático y transición energética, establece la implantación de zonas de bajas emisiones en los municipios de más de 50.000 habitantes y en los territorios insulares. La obligación también alcanza a los municipios de más de 20.000 habitantes cuando se superan determinados valores límite de contaminación.

Las zonas de bajas emisiones son áreas delimitadas en las que se aplican restricciones de acceso, circulación o estacionamiento a determinados vehículos, de acuerdo con su clasificación ambiental. Su finalidad es contribuir a mejorar la calidad del aire y reducir las emisiones asociadas a la movilidad.

Su implantación debe acompañarse de una planificación que tenga en cuenta las necesidades de desplazamiento de la población y las alternativas disponibles, como el transporte público, los recorridos peatonales y la bicicleta.

El papel de las empresas en la reducción de emisiones del transporte

Las empresas también pueden contribuir a la transformación de la movilidad mediante la renovación de flotas, la mejora de la eficiencia de sus operaciones y la promoción de alternativas de desplazamiento para sus plantillas y clientes.

En el caso de las empresas que prestan servicios de transporte, es importante diferenciar las emisiones que se reducen mediante cambios operativos de aquellas que se compensan a través de proyectos externos. Ambas actuaciones deben comunicarse por separado para que sea posible comprender su alcance y valorar los resultados obtenidos.

La publicación de datos sobre las emisiones generadas, las medidas implantadas y su evolución permite conocer mejor los avances de cada organización.

Comparte el post:

+ Contenidos

Empresas colaboradoras